Si escribir un libro ya es una tarea compleja, maquetarlo todavía lo es más.
¿Qué tareas me resultaron más complicadas?
Elegir el tipo de letra y el tamaño de la fuente, un tema para nada baladí, al que dediqué muchas horas de atención. Finalmente, decidí que todos mis libros emplearían «Bookman Old Style» de 11 puntos.
Decidir a partir de qué página debía comenzar a numerar las hojas. ¿Debía hacerlo desde el principio? ¿Desde el prólogo? ¿A partir del índice?
Algo tan trivial como la posición del número de página en las hojas pares e impares terminó por convertirse en un infierno cada vez que quitaba o ponía contenido. Finalmente, decidí que el número de página apareciera en el centro de cada hoja.
Los márgenes. Utilizar márgenes más pequeños reduce el número de páginas y por tanto, los costes. Amazon tiene un número de páginas máximo para un libro. Si tu libro es demasiado largo, o lo abrevias o juegas con el formato del libro (tamaño impreso), los márgenes y el tipo de letra, si es que quieres que te quepa todo en formato papel. Parece una tontería, pero eso me obligó a convertirlo en una «Trilogía». Mi objetivo inicial era presentar un solo libro. Sin embargo, era demasiado largo por muy pequeña que hiciera la letra.
Algo tan tonto como cambiar de versión de MS Office me desmontó la maquetación utilizada hasta ese momento. En mi portátil usaba una versión de Word y en mi ordenador de oficina, otra, lo que en alguna ocasión tuvo consecuencias «adversas».
También me costó bastante localizar el guión largo utilizado en los libros para los diálogos y tuve que repasar gramática, dado que algunas cosas habían cambiado desde que yo las estudié en el instituto hacía ya muchos años. Entre otras cosas, me vi obligado a utilizar las reglas de acentuación para decidir qué nombres extraños de mis personajes llevaban acento y cuales no y a tener siempre a mano, algunos diccionarios de sinónimos online. La página de la Real Academia de la Lengua (RAE.es) me fue de gran ayuda.
Cuando comencé, Amazon no te enviaba una copia «para el autor», sino que tenías que solicitar una versión «de prueba» del libro, que llevaba un texto delante y detrás (en la portada y en la contraportada) que decía «Prohibida la reventa». El resultado es que pedías un libro «de prueba», para ver que todo estaba bien y si era así, no podías regalarlo, porque el citado texto te arruinaba la portada del libro.
Lo peor sigue siendo que Amazon te obliga a publicar el libro antes de que puedas solicitar una versión «de prueba» con el infame texto antes comentado; o con la opción «copia para el autor», que está disponible desde hace algún tiempo y que es una versión del libro exactamente igual que la que un lector pueda comprar a través de la web de Amazon». Pero, de un modo u otro, tienes que publicarlo para poder pedir una copia y revisarlo visualmente. Es decir, que si algo está mal, siempre existe el riesgo de que alguien lo haya comprado.
Me sucedió también, que en determinados casos, un párrafo saltaba de página y corría todas las demás una posición, lo que hacía que el índice estuviera mal. En el fondo, no es grave, porque mucha gente lee secuencialmente y no usa los índices, pero no deja de ser un fallo. Este error se puede evitar mirando el previsualizador de Amazon cuando estás viendo como queda el libro, pero con otros errores no tendrás la misma suerte.
Por ejemplo, la primera versión de mi primer libro, tenía la portada demasiado oscura. Tuve que clarearla, subirla de nuevo y pedir otra copia del libro. En aquellos tiempos, como yo quería una copia idéntica a lo que mis lectores iban a comprar, debía pagar el libro al mismo precio que ellos, por lo que bajaba el precio a mínimos, pedía la copia y volvía a subirlo, con los problemas que eso me ocasionaba y las restricciones que ponía Amazon.
Por suerte, todo eso está superado y ahora puedes pedir copias de autor a bajo coste, manteniendo el precio comercial para tus potenciales clientes. Lo que no me gusta es que tenga que estar publicado antes de que puedas pedir una copia para revisarla en papel.