Mucha gente piensa que un libro solo se escribe cuando estás inspirado, pero esto, solo es cierto a medias.
Es verdad que los capítulos principales se escriben cuando estás inspirado y que a algunas personas les agrada escribir con las primeras luces del alba y a otras, a medianoche o de madrugada. Pero, hay muchas tareas propias del escritor que no dependen de la inspiración y que no dejan de ser necesarias.
En primer lugar, tienes que pensar en una historia que enganche; has de elegir a tus personajes cuidadosamente, de modo que sus acciones o pensamientos sean consistentes con su caracter; habrás de añadir otros personajes y tramas secundarias, sin que el lector se despiste o pierda el hilo de tu historia; debes conseguir que se sienta identificado con lo que sucede y se implique emocionalmente; has de ir incrementando el clímax de la historia gradualmente; y nunca debes olvidarte de la importancia de sorprender, para que tus lectores se sientan desconcertados y no piensen que tu libro es predecible.
Cuando escribes un capítulo, puedes ir improvisando, siempre que tengas claro a donde debes llegar finalmente. Cuando por fin concluyes la historia que tenías en mente, tienes un capítulo «en bruto». Seguramente te habrás dejado llevar por la inspiración y el resultado te parecerá fantástico, pero si dejas pasar unos días y vuelves a revisarlo, es probable que gramaticalmente deje mucho que desear.
Probablemente habrás repetido las mismas palabras demasiadas veces y es probable que algunas ideas estén expresadas en un lenguaje burdo o mejorable, así que, tendrás que revisarlo. Normalmente, para pulir los contenidos de un capítulo, yo tenía que revisarlo unas cinco veces aproximadamente. Después quedan otras muchas relecturas, buscando imprecisiones y otros pequeños defectos.
Revisar lo que ya has escrito es una tarea ingrata, sobre todo, a partir de la tercera revisión. Es lo que haces cuando no estás inspirado, cuando no tienes ideas, o no sabes cómo hacer avanzar la historia. También en esos momentos es cuando compruebas la cronología del libro o la consistencia de los hechos. Pero también cuando adelantas algunas cuestiones sobre la maquetación final y comienzas a aplicarla a todos los capítulos escritos hasta el momento. Es decir, decides el estilo siempre después de comenzar el libro y luego debes aplicárselo a lo que ya tienes hecho.
Crearse un cronograma de acontecimientos, mejorar las descripciones de los personajes o los lugares por los que pasan, ambientar esas situaciones, son esas cosas que también toca hacer cuando uno no está plenamente inspirado.